Ayer fui al estadio a ver el clásico del futbol Uruguayo.
Pero antes de decir algo del mismo, voy a hacer una breve reseña de mi relación con el futbol.
Cuando era niño mi padre trabajaba como Periodista Deportivo en un Periódico, pero también trabajaba en otra empresa a la mañana, por esa cosas de familia italiana donde la mujer bancaba la casa y el hombre el presupuesto, el viejo metía 15 o 16 horas diarias fuera de casa.
Por todo esto, mucho a mi padre no lo veía y decidí que si Mahoma no venía a la montaña uno tenía que ir al Estadio con Mahoma.
Sábados y Domingos de mi infancia me pasé correteando por el Centenario, viendo tanto a Peñarol como a Nacional.
Siempre digo que me hice hincha de Peñarol por elección y no porque alguien me hiciera, ya que mi viejo era de Defensor y si bien algún familiar tenía en la vuelta tanto de uno como de otro equipo, pude apreciar empíricamente, que valores transmitía una y otra institución.
Era la época donde las hinchadas compartían tribuna (algo impensado en estos tiempos) y no puedo negar que esa cosa más de pueblo, de los colores, del temperamento de los jugadores y de la hinchada que nunca paraba de cantar, siempre me atrapó más en Peñarol que en Nacional.
Luego en la adolescencia me independicé de que papito me hiciera entrar de garrón al Coloso de Cemento y viví ese famoso Quinquenio tan pintoresco plagado de cosas raras. Viví momentos increíbles, donde esa unión que ya se había arraigado en mí desde niño, en mi juventud se hizo todavía más fuerte.
Tanto es así, que era impensado para mí no ir a la cancha cuando el Carbonero jugaba en donde fuera y menos aún ir a una tribuna que no fuera la popular, ya que ésta tenía esa cosa de energía y pasión irracional que la verdad me hacía divertir mucho y sobretodo me hacía sentir parte.
Pero claro, nada es para siempre, y Peñarol cometió tantos errores conceptuales como los de Uruguay luego del 50, ganando algo increíble y luego dejando de construir un futuro, pensando que podía vivir del pasado para siempre.
Pero de todos modos seguía yendo, seguía amargándome, por algo que en realidad no tenía tanta importancia, más que bancar al otro día, algún amigo del otro equipo que se reía un rato de uno.
Pero bueno la vida cambia uno se hace grande y un día te das cuenta de algo que sabías y apreciabas pero no le dabas la importancia que se merecía.
Entonces, entre algunas amarguras, otros actos de corrupción tanto de propios como ajenos, actos de violencia y el pésimo espectáculo que uno recibía en contrapartida, lentamente me fui desmotivando, además de que era socio desde los 12 años y pagar una suma de dinero - que quizás hoy no me desequilibra el presupuesto - pero que en ese momento por esa cuota social, quizás dejaba de salir un fin de semana, me resultaba mucho esfuerzo de todo tipo por muy pero muy poco a cambio
Es así que me entre a preguntar cosas como:
¿Estoy cortando mi fin de semana por este espectáculo paupérrimo?
¿ Tengo que jugarme la vida en cada cancha de mala muerte viviendo situaciones realmente extremas por un partido de futbol que además transmiten por la tele?
Ahí comencé a seleccionar los partido potables, donde sabía que la mano venía mas o menos competitiva y no era de extremo riesgo.
Luego el paladar se entro a refinar aún más, me mudé a 30 km de Montevideo, y llegó un momento en que a menos que Peñarol jugara entre semana y justo me quedara a una hora cercana de la salida de mi trabajo, no iba ni que me pagarán.
Pero por otro lado, le resaca de ese fanatismo histórico, hizo que tampoco me perdiera casi que ni un partido por TV.
Aunque claro, una cosa es prender la tele 2 horas y otra cosas es perder toda la tarde.
Toda ésta perorata fue para justificar lo que me pasó ayer, entender el contexto y reafirmar que al futbol hoy va gente que necesita sacar para afuera solamente odios y frustraciones.
Lejos estamos de estar en paz en cuanto a seguridad, de estar felices por el despliegue deportivo y menos aún con un terreno de juego que la verdad es tétrico y que debería ser lo mínimo que se tendría que tener para un partido de futbol más o menos normal.
Porque digamos la verdad, uno va al cine y tanto el audio como el video más o menos tiene que salir bien, y por más que la butaca este medio rota, si la peli es buena, nos vamos más o menos conformes.
Pero cuando uno va al Centenario se esta lejos de que se cumpla con las mínimas necesidades básicas.
Y acá empieza a terminar la historia:
Volví por una sola razón. Mi hijo me lo pidió y la verdad es que vengo diciéndole que no a muchos clásicos, zafando con el tema violencia.
Pero bueno, en este caso accedí, ya que de los peligrosos, éste era un poco menos y como somos socios, entrábamos gratis y podíamos ir a la América, tribuna teóricamente más tranquila.
Antes de decir la razón de por que le llamo “tranquilidad teórica”, voy a comentar los otros temas que no voy a tocar y que también conspiran como para que un persona normal no tenga ganas de ir al Estadio, sin importar el resultado deportivos.
No voy a hablar de: los asientos que a penas entra una persona, donde los vendedores no tiene lugar para pasar por ningún lugar pero igual el cafetero te tira las gotas de café con esa canilla infame, más el que vende papas chip, que te las deja a una módica suma de 50 pesos el pequeño y aireado paquete.
Tampoco voy a hablar de que hay gente que pagó mas de 400 pesos y se sentó en la escalera, mientras en el entretiempo había gente que queriendo ir al baño, pisoteaba a casi ancianos que no habían encontrado lugar.
Podría seguir pero se hace aburrido, solo una cosa más quiero destacar, es que esto que cuento se da en la AMERICA, porque no quiero contar los robos y el trafico que se dan en las populares donde la verdad, uno tiene que ser cuasi mafioso para no alarmarse.
Y tengamos en cuenta que soy un tipo de barrio, que fue a la Amsterdam casi toda mi corta vida y que me crié en la cancha del Auriblanco e iba a ver al basquetbol a Peñarol hasta en la cancha de Waston.
Pero hay una cosa a la que de verdad me quiero referir, e intentar transmitir mi preocupación por ver como ya no son solamente 500 inadaptados los que hacen cosas indebidas o actúan como personas casi analfabetas.
Siempre me preocupó como ya hace un tiempo, algunos cantos no tan formalmente correctos iban entrando en otras personas, pero la verdad que a la larga, siempre lo veía como algunas canciones subidas de tono, que solo quedaban en el ámbito de la Amsterdam.
Lo que escuché ayer ya no fueron canciones que hablaban de muerte, cosa que ya me parece deplorable, pero que, si bien no estoy para nada de acuerdo con la misma, puedo - y no estoy muy seguro de esto que estoy expresando - llegar a entender - sin justificar en lo mas mínimo - que algunas personas mucho más educadas que otras excluidas por la sociedad, canten algo tan terrible como matar a uno del otro equipo, por el hecho de que lo cantan pero no lo desean, y solamente lo expresan en tono muy general, si vale que esto se aplique en algo general.
Pero ayer veía como padres de familia cantaban, y al cantar daban el ejemplo a sus queridos hijos, una canción que rezaba de la siguiente manera.
“Allá en el parque hay una banda que es la más puta de todas
La que se pone el chaleco la que se pone la gorra
La que pide la Colombes marca tarjeta en la novena y con la pija del manya le gusta hacerse un enema
Para ser de la blanca hay que chuparla
Para ser de la blanca hay que mamarla
Para ser de la blanca hay que chupar la leche la del carbonero
Leche leche leche, la del carbonero
Leche leche leche la del carbonero…”
Creo que luego de esto y de ver como casi toda la tribuna América llena de personas que tuvieron la suerte de recibir una educación bastante más formal que los de la popular, cantaban ésta patética canción, estoy completamente seguro que hoy a la cancha van mucho mas que 500 inadaptados.
Me acuerdo como en esa misma tribuna pero hace 20 años atrás, una señora se paraba indignada a gritarle a la popular porque en su canción incluía la palabra PUTO.
lunes, 19 de abril de 2010
domingo, 28 de febrero de 2010
TOC TOC
Hace un rato me fijé como todas las semanas, si la suerte golpeaba a mi puerta premiándome con ganar el 5 de oro.
Y nuevamente me encontraba al mirar la grilla, con esa expectativa relativa, sabiendo que un día puede tocar pero nunca con la fe de que justo sea éste el día indicado.
Lo raro fue, que ésta vez los números coincidían.
Hasta que al final, y por tercera vez en los 15 años que juego a los mismos números, faltaba uno para hacerme - un poco - rico.
Y claro, lo primero que uno piensa en esas ocasiones es algo no muy feliz.
Pensas en cosas de tipo: se fue esa oportunidad de que la vida te regale lo que no podés conseguir con el trabajo de todos los días.
Que no me puede pasar el mismo hecho 3 veces, etc.
Luego, y dejando de lado mi situación y el hecho de haber tenido tan cerca - un poco - de riqueza, me puse a pensar si realmente está bien que te regalen plata por tener suerte.
¿Y por que no? ¿Y por que si?.
Me parece interesante reflexionar sobre si está bien que uno se gane algo sin el mínimo esfuerzo.
Suponiendo que hacer una jugada no genera esfuerzo, ya que no tengo dudas que ganarse la plata para apostar sí lo genera, pero el acto de hacerlo no. Además, todos sabemos que el día que ganemos algo no vamos a pensar que fue por el esfuerzo de trabajar para pagar la apuesta.
Entonces, el día que te toque ganar a vos, todo el mundo te va a felicitar por algo que no sé si mereces. No sé como se sentirá el hecho de que alguien te dé una ganancia económica por el simple hecho de elegir tal número.
La pregunta es: ¿cómo nos tenemos que sentir por recibir cosas sin merecerlas?
De verdad no me pone tan mal no haber ganado esos 100 mil dólares, y creo que es porque tengo la suerte y la posibilidad de comer todos los días, de tener un techo y de alimentar a la gente que está cerca mío con mi trabajo diario.
Por eso pienso que la mayoría de las personas que ganan apostando, no son personas que tengan reales apremios económicos, porque esas personas, no tiene dinero ni siquiera para pagar la apuesta.
Entonces el mundo hace que la mayoría de las personas que se ganan algo en un sorteo o una apuesta, sean seres humanos que ya tienen cubiertas las necesidades básicas.
Acá unos ejemplos: El que se gana el auto en el sorteo del Shopping tiene que antes haber comprado mercadería por X valor.
El que pone el cupón del super puede entrar a comprar por lo menos la leche y el pan de todos los días.
El que entra a la ruleta o juega a la lotería, cuenta con algo de plata para hacerlo.
Entonces, repito que hay otras personas que no tienen esa posibilidad de participar en cualquiera de los ejemplos expuestos o ningún otro que nos podamos imaginar.
O sea, está bien claro que no todos tenemos la misma oportunidad de tener suerte, hay personas que ni siquiera tienen una puerta para que ésta les golpee.
Nuevamente el sistema le da plata a las personas que ya tienen un poco - o bastante -.
Entonces, cuando ganemos lo vamos a hacer a costilla de un montón de personas que no supieron manejar el tema del juego y las apuestas, personas que hoy tienen una enfermedad tan complicada de sanar como la de ser drogadicto, alcohólico etc.
Hay infinidad de ejemplos de personas que se suicidan o dejan a sus familias en la calle por no poder manejar el vicio del juego y con parte de la plata de esa gente, nosotros vamos a recibir un montón de dinero por acertar unos numeritos.
Pero además reflexiono sobre el hecho en sí, sacando de lado la gente damnificada por el juego y centrándome en que nos regalen una suma importante.
La mayoría de nosotros estamos acostumbrados a recibir una paga por el sudor de nuestro cuerpo, en el trabajo diario.
No dejo de pensar en lo raro que puede llegar a ser no hacer nada y cambiar una situación económica familiar (sin dudar del merecimiento que pueda tener cada familia en particular por recibirla).
Por eso pienso y para terminar, que no sé como me sentiré el día en que la suerte golpeé mi puerta, pero juro que no tengo claro si está bien que te den un bien económico solo por el frívolo hecho de tenerla.
En tanto no me gano el 5 de oro, voy poniéndome contento por la suerte de tener una puerta en la que se pueda golpear.
domingo, 31 de enero de 2010
Dos Viejitos
Miro y observo.
En una playa cualquiera.
Veo a una pareja viejitos de más de 70.
En paz sin decir nada, cada tanto un comentario casi cotidiano, de esos que no tienen la más mínima relevancia, pero que hay que hacer para que no pase tanto tiempo sin decir nada, como para llenar estéticamente el silencio.
No hay mimos, pero los dos sienten que han sido el uno para el otro, como si no hubiera habido otra posibilidad de elegir y si la hubiera habido, se hubieran vuelto a elegir.
Sin mimos. Creo que las veces que he visto una pareja de señores mayores haciéndose arrumacos, o es o porque estoy viendo una película, o porque son dos viejitos que se conocieron ya a una edad avanzada y que hoy viven recién algunos años de estar juntos.
Los sigo mirando. Me pongo a pensar que pasa entre medio de ese silencio. En que piensan mientras miran y escuchan el mar.
Me imagino que piensan en lo hijos, en las parejas de esos hijos, en lo raro que actúan los nietos, pero cuanto los quieren, en lo que se perdieron, en lo que ya pasó...
Él está más serio y ella más joven. Él usa el short de hace 10 años y ella siempre intenta estar un poco más coqueta. Ella le pasa bronceador a él y ella se lo pasa a ella misma.
Entre ellos y yo hay un par de señoras hablando de sus ex maridos, que las dejaron por otras con 10 años menos que ellas y las clavaron con hijos y nietos y un montón de soledad inaudita para tener 50 años. Viejas para ser jóvenes y jóvenes para ser viejas.
Sigo mirando y veo niños, muchos niños que son más felices en la playa que en cualquier otro lugar. La playa le gana al pelotero, al play y a todos los que rajen.
Veo madres preocupadas por sus hijos y padres que leen el diario ocupando todo su perímetro visual, abstrayéndose de todo, como si el acto de conducir hasta la playa y cargar unas sillas, fuera su única obligación en toda la tarde.
Jóvenes que toman cerveza como si fuera agua mineral y luego se les da por hacer el clásico picado y hacerse los Ronaldinho, no dejando una pierna sana.
Sigo mirando y veo a los que bajan cargados de petates a las cinco de la tarde como si se quedaran a acampar en la playa todo el mes, mientras las chicas suben porque están desde la una, ignorando el ozono y el cáncer, todo por una noche de baile con color más caribeño que aquel jugo sumado el mismísimo Julio Ríos.
También está el que se cree Acuaman y se mete tan profundo que se le ve solo la cabecita, mientras los Guardaviítas muertos porque no ha llovido en casi todo el verano y no tienen un día libre hace un mes, bajan de su bunker por si tienen que actuar y salvar al vivarola de las patas de rana.
Veo jugar a muchos deportes como boleball, tejo y paleta. Y los viejitos siguen ahí, mirando, solo mirando.
Pensando en el pasado y creyendo en el futuro que en definitiva terminará siendo igual que el presente.
Siguen casi callados, casi felices, casi cansados. Pensando en la subida de la duna hasta el auto cuando ya les venga el fresquete.
Pesando en la cena, en el riego y el mata hormigas.
Y así el tiempo les pasa. Así en paz. Esa paz que no pudieron tener antes, esa paz tan disfrutable, tan tediosa, tan asquerosa. Esa paz que los tiene tristes porque están solos, pero pensando que están mejor que la semana pasada, cuando nueras y concuñados llenaron la casa de gritos, arena y mugre.
Miro y observo.
En una playa cualquiera.
Veo a una pareja viejitos de más de 70.
Veo la historia de los dos viejitos que llegaron a esta edad, y no saben bien como hacer para que mañana sea diferente y cuando intentan cambiar, les resulta tan estresante, que prefieren dejar todo como está, porque para problemas ya han tenido suficientes en la vida de años pasados.
Dos viejitos lindos, con mirada perdida.
Dos viejitos hecho el uno para el otro.
Dos viejitos que parecen que se han dicho todo, pero siempre hay cosas que ocultar.
Dos viejitos como tantos, que solo por el hecho de ser viejos son mucho mas buenos y adorables.
Dos viejitos que ojalá sepan vivir los que les queda, porque nos pasamos la vida pensando en mañana y cuando llega el día de no hacer casi más nada, nos aburrimos y nos morimos.
Ojala sepamos vivir bien hoy y mejor mañana.
En definitiva de eso se trata la vida, porque no cabe duda que la llegada de la muerte no la podemos modificar.
sábado, 26 de diciembre de 2009
Este es el TOP 20 Fest
1 Comprar y comprar sin parar.
2 Comer y comer sin parar.
3 Correr y correr sin parar porque además el primero de Enero te vas como uno loco a veranear dos semanas.
4 Chupar y chupar sin parar, hasta no acordarte de todo lo que te hace mal en el año.
5 Pensar que haciendo tales cosas el próximo año será mejor que este.
6 Ir de acá para allá para quedar bien con tu mujer, tu suegra, tu madre, padre o tutor, hijos y demás.
7 Bailar las mismas murgas de todos los años
8 Mirar la hora en el reloj de pared, el de pulsera, el de la TV, radio y hasta el solar, para saber bien cuando son las 12 y no brindar ni uno segundo antes ni después.
9 Calentarte por el pibe que el 25 de Diciembre y el 1 de Enero tira cuetes cada 10 minutos y no te deja recuperarte de la resaca en paz.
10 Arreglarte con ese compañero de trabajo que te llevabas mal y en el brindis del laburo unirte en ese abrazo que parece solucionar todo, para que a los poco días, todo vuelva a ser como antes.
11 Llamar a todo el mundo a las 00:01 horas, para decir “feliz navidad y año nuevo”
12 Comer 12 uvas, tirar baldes de agua, estrenarse una bombacha y miles de cosas más para que sea mejor año, aún mejor año que el del punto 5.
13 Llevarle un pan dulce o un vino a ese portero o vecino que odias y queres quedar bien.
14 Decirle feliz navidad y año nuevo a esa cajera de supermercado a la que no le hablaste en todo el año.
15 Competir por la cantidad de petardos entre vos y el vecino. Por otro lado estamos los tipos como yo que curramos mirando como tiran los demas y no derrochamos ni un peso en mal gastar pólvora al viento.
16 El que se pasa toda la cena diciendo que el año que viene va a hacer esto, lo otro, y al otro día se va a acampar a Santa Teresa y a la vuelta viene con tanto mal humor por tener que encarar que se olvido de toda esa impronta proactiva.
17 El cuestionamiento del niño que no entiende como Papa Noel llega a tiempo a todas las casas del mundo y con ese peso entra por la humilde chimenea que tenemos.
18 Pelearse por quien abre la Sidra
19 Mamarse desubicadamente en esa cena familiar.
20 Cuando te das el beso de Feliz año, darle uno mucho más intenso a esa prima que siempre le tuviste ganas.
PD: Yo soy de los que piensan que para que las cosas cambien y tengas un mejor año, hay que ganarle al despertador, entonces, o lo cambias por uno que suene mejor, o como dice mi amigo Lisandro, “No te dejes más vencer porque al alma hay que darle de comer un poco de azúcar del estero, un poco de risa y caramelo”.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Frases I
Cuando decís que te sentís joven para tu edad, es cuando te entras a poner viejo.
Que rápido pasa el bien estar, y que lento el sufrimiento.
Para no sufrir, no hay que desear.
Me traicionó el vil consciente
La tristeza tiene una cosa buena, da paz.
Lo importante no es con quien te acostás, sino con quien te despertás.
El que no prueba, no comprueba.
La piratería comenzó con el doble casetero.
La noche no sabe jugar bajo presión.
El sexo sería mejor si lo tomáramos más como placer que como compromiso.
Hay veces que lo mejor es mentir, porque la verdad es increíble.
La obsesión le gana al genio.
Mejor infeliz exitoso que infeliz a secas.
Morrón y cuenta nueva.
No por mucho madrugar tu hija llega antes del baile.
Mas grande que servidor de Youtube.
sábado, 28 de noviembre de 2009
Cuesta
Todo cuesta, y cuando nos parece que se encaminó para que no nos cueste tanto, vuelve a aparecer algo para que siga costando.
Me he pasado la vida pensando en los meses posteriores, con la expectativa que cuesten menos que los pasados.
¿Será que le exigimos a la vida más de lo que ella puede darnos, o será que la gracia divina nos confirma que es verdad que no se puede vivir sin que cueste?
Cuestan las cuentas, cuesta el amor, cuesta el trabajo, los hijos, los vecinos y hasta la pared con humedad cuesta.
Cuesta el despertador, el mal humor, el tener que encarar, porque cuando la pateamos para delante, después cuesta el doble.
Cuesta el lunes y hasta el fin de semana cuesta.
Cuesta el primer frío de Mayo, Diciembre con las fiestas, Enero con las vacaciones y Febrero con los exámenes, también cuesta.
Cuestan tanto todas las facturas juntas del mes y más cuesta ganarnos el sueldo para no poder llegar a pagarlas.
Cuesta el profe, el jefe... y hasta el compañero cuesta.
Cuesta la nafta, el boleto.
Cuesta la carne y el pan.
Cuesta decir la verdad y cuesta mentir.
Cuesta pensar una buena idea y cuesta más hacerla.
Cuesta hacer el bien y hacer el mal.
Cuesta hacer algo bien y a veces hasta cuesta más hacerlo mal.
Cuesta vivir y cuesta morir.
Cuesta casarse y divorciarse.
Me costó volver a escribir.
martes, 10 de noviembre de 2009
El Miedo a Perder
Creo que en eso nos hemos convertido últimamente, tenemos más miedo a perder, que ganas de ganar.
Es un poco inmaduro comparar algunas cosas tan profundas como la política, con cosas tan banales como el fútbol, pero aprovechando que este deporte para nosotros los Uruguayos, es mucho más que un juego, creo que comienza a aplicarse una interesante comparación.
Todos ya sabemos que el fútbol Uruguayo hace tiempo está mal, muy mal, pero sin embargo, no claudicamos en ese afán de estar atentos a lo que pasa, a ver lo lamentable del los espectáculos que dan y de la forma que se juega. Igualmente entre 30 y 50 mil personas promedio, se mueven a través del futbol fin de semana tras fin de semana, casi sin importarnos lo que vamos a ver o lo que venimos viendo.
Mes a mes sufrimos descarnadamente por un Uruguay que para ir a un Mundial tiene que rezarle a todos los Santos.
Un ejemplo de tener más miedo a no perder, que ganas de ganar, fue el último partido contra Argentina, porque digamos la verdad, más muerta que ésta Argentina del pobre e inexperto Maradona no va a haber jamás. Pero otra vez, el miedo de estar cerca del éxito con tanta gente con tantas esperazas, nos paralizó una vez más.
(Es preocupante que cada vez más, el mundo y el poder, le metan en la cabeza a la gente, una responsabilidad al futbol, que por supuesto, no tiene.)
Tan faltos de victorias estamos, que en vez de ir a buscarlas jugando sin miedo, tratamos de cuidarnos, y generalmente al que se cuida mucho, en algún momento, sea como sea, de la manera que fuera, lo clavan. Luego que esto ocurre una y otra vez siempre decimos las mimas cosas “que injusticia” “si hubiera entrado aquella” “si el juez no nos hubiera afanado” etc.
Una prueba de necesitar victorias, es que ahora ya somos hinchas del primero que gane y acá un Ej.
Esto me paso el otro día:
Como todos los miércoles concurrí a una cancha de futbol 5 (en realidad es un lugar de muchas canchas en un gran galpón) para jugar un rato con mis amigos del alma, al llegar me encuentro con que más 100 personas de partidos que terminaban y otros que tenían que comenzar, estaban amuchadas frente a una TV, mirando los penales del único cuadro del DT que no tiene miedo.
(Para los que no saben ese día, River Plate Uruguayo le ganó a San Lorenzo Argentino 1 a 0 en Bs. As, y como en Montevideo el equipo de JR había perdido por el mismo marcador, terminó en una larga definición por penales que le dió la victoria a la dársena, poniendo a un equipo Uruguayo dentro de los 4 mejores de la Copa Sudamericana)
Y ojo, lejos de mí está en darle para delante a Carrasco, (porque para eso, con él mismo alcanza y sobra) pero si hay una virtud que tiene, es precisamente la de no tener miedo.
En ese momento pensé, “que enfermos por el fútbol que estamos los Uruguayos, con lo poco que nos da y el tiempo que le prestamos” y enseguida volví a pensar “que necesitados de victorias que estamos, juega River Plate y todos gritamos gol como si fuera Forlán con la Selección”.
Pensemos en los Brasileros, país futbolero por excelencia, ¿ustedes piensan que hay algun Paulista preocupado por lo que le pasa a un Gaúyo en un partido de Copa? Con sus propios equipos, más la Selección de su país les alcanza y les sobra.
Ojo, no veo mal darle para adelante a un cuadro Uruguayo que con un esfuerzo sideral llegó a donde llego, sino que es increíble que a esa gente, no le importara la hora que estaba pediendo en la cancha.
Pero salgamos del fútbol que la verdad fue solamente una excusa para contar lo triste que me siento por este escenario Político de mi País.
Y ya que esto venía de comparación, me quiero centrar en el otro partido, el que nos jugamos muy desgastados por dos partidos anteriores, con mucha fricción y poco juego colectivo, que es el del Balotaje.
Hablando de miedos a no perder digo que, el mismo miedo que tiene Lacalle de debatir con Astori, lo tiene Mujica en hacerlo con Lacalle.
¿Está bien que un tipo que nos va a gobernar tenga tanto miedo?
No puedo creer como siguen perdiendo un tiempo rico para las ideas, para dejarlo en algo tan banal como el de "debate si" "debate no".
¿No es el debate una contienda de espontaneidad y de inteligencias momentáneas, para ver quien responde más inteligente y más rápido?
¿Es eso lo que nos va a hacer decidir a quien votar, un par de horas de enfrentamiento?
¿No seria mejor que cada posible Presidente tuviera algunos minutos por día, contando como va a llevar a cabo su plan de gobierno, plan que el 90% de la población no tiene ni idea de su contenido?
Y todo por miedo a perder.
Yo entiendo que muchas gente quiera ver un debate como ve una discusión en el programa de Rial, de hecho si llegara a realizarse, a mi me re entretendría, pero solo porque pasaría a ser un programa más de entretenimiento como tantos otros.
Lo peligroso es que hay mucha gente que define su voto en este tipos de programas en el mundo, y así nos va.
Me duele mucho que el que va ganado nunca quiere debatir, y luego si éste accede con ciertas condiciones, el que va perdiendo no las acepta.
Por ahí escuche, que como el que va perdiendo en las encuestas, puede de todas formas perder igual, ahora sí acepta que el debate sea entre cuatro, pero por otro lado creo, que el que va ganando, no lo va a aceptar.
Me hago un par de preguntas más: ¿ Toda esa gente que no fue a votar en las internas, hoy seguiría sin hacerlo? ¿ Si hoy fueran las internas, seguirían siendo estos los candidatos?
De verdad más allá de los nombres, creo que si tanto le exigimos a una pelota y a unos jugadores en la cancha, tendríamos que pedirles un poco más a los DT que van a hacer jugar a este país.
La gran pregunta es: ¿ Vamos a jugar a ganar, o vamos a jugar a no perder como en los últimos tiempos?
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